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LAURA SE CONFIESA
Salí de la casa de Fernando, ya la lluvia era tenue, había mucha humedad en el pavimento, mientras me dirigía hacia el centro comercial abrí el sobre amarillo que me había dado Fernando y con una alegría inmensa conté el dinero, eran varios billetes de 100 dólares, no podía quejarme de mi nueva infidelidad, este viejito me había dado placer, me había chupado varias horas enterita como a mi me gusta y para mayor satisfacción me había dado mucho dinero. Estacioné mi camioneta y me fui al shopping dichosa, iba a comprar regalos para todos los de la casa y por último, ropa interior muy sexi para mi. A los chicos les compre juguetes acordes a la edad que tenían en ese momento, a mi cuñado un encendedor muy bonito, a mi cuñada un perfume francés, a mi marido una colonia para después de afeitarse exquisita y ahora era mi turno, recorrí varios comercios buscando algo sexi para mí, pero no encontraba nada que me gustara, ya casi cuando decidía regresar a la casa, vi un poco perdido un comercio de prendas femeninas, y entré. Vino a atenderme un muchacho de unos 20 años, muy lindo con un cuerpo musculoso y de gran espalda, sin una gramo de grasa, ¡qué hermoso pendejo!, ese fue mi primer pensamiento, me lo comería como a un caramelito, ¡qué lindo estaba!. Se acercó y con una sonrisa de publicidad de pasta dental, me preguntó en que podía ayudarme. -Quiero reconquistar a mi marido, me tiene muy abandonada, quiero provocarlo, quiero conseguir que vuelva a amarme como antes, por favor ayúdame a elegir alguna prenda sexi. Eso lo dije con mi mejor cara de mujer desesperada. -Con mucho gusto, señora. Pero su marido ¿es ciego o idiota?, ¿cómo abandona a una mujer tan hermosa como usted?. -No lo se, hace tiempo que ni siquiera me abraza, dije toda compungida. -Si usted fuera mi mujer, no la dejaría sola ni medio minuto. -¿Te parece?. -Eso se lo aseguro señora. Las mentiras que inventaba por una verga joven, como la que tendría este chico, que me enloquecía. Quería comerlo como a un chocolate, saborearlo como la mejor golosina, me calentaba mucho su belleza tan varonil. Se retiró hacia atrás del local y al poco rato llegó con varias cajas de lencería, comenzó a mostrarme la mercadería, me mostraba prendas de gasa, seda, lycra, etc. Mientras lo hacía, me lo imaginaba desnudito, dentro mío muy excitado, mi braguita se estaba empezando a mojar por los deseos que este joven me provocaba. -Quisiera medirme este. Era un conjunto rojo de soutien, tanguita minúscula y portaligas con medias a mitad del muslo, todo haciendo juego y con unas puntillas delicadas y preciosas. -¿Desea probarlo?. -Lo probaré, si, y me gustaría que me dieras tu opinión. -Con muchísimo gusto, señora. -Señora pemítame una sugerencia. -Dime cariño, susurré, mis ojos se lo devoraban, no podía ya disimular la gran atracción que sentía hacia él, ya mi conchita había empezado a latir, y yo, quizás la más puta de todas, deseaba esa verga joven toda para mí. Soy muy débil cuando un hombre me gusta, quiero probarlo y que me prueben. -Mejor pasa a la parte de atrás del local, hay más luz, un espejo más grande y más espacio para que puedas cambiarte más cómoda. (Ya había empezado a tutearme, buen síntoma, ¿no?). -Gracias, eso haré. Pasé a la parte de atrás y realmente era como me decía, más luz y espacio, sobre la pared colgaba un espejo donde podía verme de cuerpo entero y había una mesa donde apoyé los regalitos. -Cuando estés lista, me llamas, por favor. Y salió. Su espalda era ancha y fuerte, parecía un modelo de revistas femeninas, ¡cómo te cogería por horas!, ¡cómo te chuparía hasta dejarte sin una gota de lechita, mi amor!, ¡¡papi, dame hasta hacerme desfallecer!!!, decía mi mente de puta. Quité mi vestido y mis bragas, calcé el portaligas y me puse las medias. Luego las tanguita.. Solté mi cabello, que se desparramó por mis hombros y espalda. Me miré en el espejo, sin ponerme el soutien, (eso quería que hiciera él), crucé mis brazos y tapé mis senos, mi cuerpo se veía perfecto, mi piel empezando a tomar ese colorcito que da el sol, acomodé mis cabellos, me veía como una puta, desesperada porque se la cojan, pero a la vez sexi y muy deseable. El muchacho entró silenciosamente, lo veía avanzar a través del espejo como un animal en celo que busca a su hembra para acoplarse a ella. Ya había ganado la batalla, pero yo quería ganar la guerra con todos los honores. -¡¡¡Te ves fabulosa, de atrás.!!!. Me gustaría que te dieras vuelta para verte de adelante. Tapando mis senos abundantes con mis manos, me dí vuelta, parte de mis pechos se asomaban entre mis dedos, dejando ver algo, pero no todo, eso era muy excitante. Mi mirada lo decía todo, estaba llena de lujuria y quería que me cogiera, se lo decían mis ojos, y mis labios húmedos entreabiertos. Al verme en esa posición su mirada se transformó y sus ojos tuvieron un brillo que solo el deseo lo dá. Se pasó la lengua por los labios y se relamió, mi conchita húmeda latía de deseos perversos y mi cerebro sólo me pedía sexo inminente, ya no me importaba nada, sólo quería que ese macho me poseyera, y no faltaba mucho para eso. -Estas dos bellezas están para besarlas y acariciarlas, no para taparlas con tus manos. Se acercó lentamente y quitó mis manos de los senos, los cuales saltaron erguidos, con los pezones en punta y duros, invitando a sus labios para que los besara. Abrió su boca, empezó a besarlos suave, su lengua hacía círculos rodeando mis pezones, comencé a gemir de placer, mis manos acariciaban su nuca, y empujaba su cabeza para incitarlo a que siguiera, apoyó su duro miembro en mi cuerpo, presurosa con mis manos comencé a desabrocharle los botones de su camisa blanca, mientras mi lengua libidinosa se encargaba de lamer sus vellos, hasta le besé las tetitas, y lo besé todo, lo lamía, lo chupaba, le pedía que me cogiera ya, me volvía loca ese muchacho, me calentaba a la máxima potencia, sabía que no iba a parar de tener un orgasmo tras otro, me conocía lo suficiente, estaba hecha una fiera. En esos momentos mis apetitos eran incontrolables. Aflojé su pantalón, hasta que por fin pude tomar entre mis manos su hinchado y duro pene, tenía una verga muy gruesa, con la dureza que da la edad. Yo me dejaba hacer y hacía también, no podía resistirme a semejante varón, tan joven y fuerte, comencé a suspirar de placer, le pasé mi lengua por sus oídos, le besaba las orejas, el cuello, mi lujuriosa lengua se paseaba por sus hombros quería esa verga inflada en mi boca, me agaché y tomé su pene, introduciéndolo lentamente, hasta llevarla a mi garganta, la sacaba y la metía despacio, el chico masajeaba mis pezones que estaban parados y duritos, con mi lengua llegué a sus testículos y se los besé, primero uno, luego otro, con delirio y placer. El chico, gemía de gusto, estaba en el limbo con la tremenda mamada que le estaba haciendo, y yo quería esa verga dentro mío, me senté sobre la mesa, abrí mis piernas, mi sexo quedó expuesto para lo que él quisiera hacer. Comenzó a lamerme la vagina, su lengua se enredaba en mi clítoris, hasta que estallé en un orgasmo ruidoso y delicioso. Metió dos de sus dedos en mi vagina, y con otro refregaba mi clítoris, tuve otro orgasmo más. Nuevamente llevó su verga a mi boca y me rogó: -Chúpala, no pares perra salvaje. Y se la chupé como me pidió, la besé de punta a punta, entraba y salía de mi boca. Y volvía a entrar, le pasaba mi lengua por toda la superficie, era maravilloso el placer que le estaba dando y también era maravilloso lo que él me hacía sentir con sus manos y lengua, su lechita salió a borbotones, me inundó la boca de semen que fui tragando poco a poco, mientras me relamía los labios. Su hermoso pene seguía erecto, claro, como no iba a ser así, si sólo tenía veinte años, por eso me gustaban los jóvenes porque te brindaban placer por largo tiempo. Se tumbó en la alfombra, me senté sobre su pene y comencé a embestirlo, subía y bajaba, lo montaba como a un potro salvaje, lo cogía como una loca, le pedía más, más, y más me daba. Me puso en cuatro como se merecía una perra como yo, y me penetró por atrás, tomándose de mi cintura me atraía hacia él, luego me retiraba, mis orgasmos eran continuos, abrí mis nalgas y le ofrecí mi deseado culito, enseguida adivinó mi intención, retiró su pene y me empezó a besar el ano, su lengua iba y venía desde mi conchita hasta el ano, me empezó a dilatar poco a poco, cuando menos lo esperaba me ensartó de atrás y me penetró, me sentía una perra abotonada y me gustaba mucho, sus embestidas, idas y venidas, me trastornaron, esta puta no paraba de tener orgasmos, hasta que el joven ya no pudo más y me llenó el culito de leche. Me sentía satisfecha, me solté de su abrazo, me dí vuelta y le dí un beso tremendo, mi lengua le recorrió toda su boca, no podía dejar de besarlo, estaba caliente con este chico y volvería a su comercio para que me siga cogiendo cada vez más. Tomó la ropa de lencería, hizo un bello envoltorio y me lo regaló. -Te lo regalo, me has hecho gozar tanto que te mereces este obsequio, pero quiero que me prometas algo. -¿Qué cosa?, le pregunté mientras me vestía para regresar a la casa. -Quiero que esto lo estrenes conmigo, no con tu marido. -Prometido, mañana en algún momento del día me escapo y mientras te mamo todo, vas quitando mis prendas, ¿si?. -Si. Y lo besé, y besé, y chupé y lamí, no podía separarme de él. A no confundir amigos, no me estaba enamorando, simplemente estaba caliente con ese macho y quería que me cogiera mucho, nada más que eso. De regreso a casa pensaba en el día que tuve sexualmente hablando, había sido un día completo, tuve todo lo que me gustaba con tres hombres distintos, y es así, uno solo no te puede dar todo. Tuve la adrenalina con mi cuñado mientras me cogía en el mar, en la cara de nuestros cónyuges. Tuve la sabiduría, la experiencia y la calma que da un viejito, más su lengua en todo mi cuerpo por horas, más dinero. Tuve la verga dura y la potencia que te da la juventud, más un regalito. ¿Qué más puedo pedir?. CONTINUARÁ. |
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